
Siempre he sido una chica septiembre y como esto va de definirme, encontrarme y conectar con lo que soy, no había mejor manera de retomar la escritura que volver a mi rincón secreto y hacerlo hoy, once años después de abrirlo.
Había olvidado lo que guardaba aquí. Me he pasado la tarde releyendo todo eso que pasaba por mi cabeza cuando era más joven y estaba descubriéndolo todo y descubriéndome a mí misma. A pesar de no haber escrito con la frecuencia con la que empecé, he podido hacer un paseo por todos esos años a través de mis ojos de entonces.
Posiblemente ya nadie lea blogs. En esta era de la rapidez, de los titulares y de los vídeos cortos puede que ya no tenga cabida este formato. Pero no me importa. Y como últimamente todo vuelve, quizá esto también lo haga. Youtube está de moda de nuevo, hay gente que se compra teléfonos sin internet como los que había antes, hasta los pantalones pitillos están de nuevo en las tiendas. Así que, por qué no. Yo soy de las que todavía compran libros en la librería, escriben a mano, usan agenda en papel y leen textos largos de gente que tiene mucho que decir.
Escribir siempre fue mi refugio. La vía de escape de alguien que guardaba todo dentro. Era la única forma de no ahogarme entre tantos sentimientos y preguntas. Era mi secreto, mi mejor secreto. Era mi libertad. Solo de vez en cuando me atrevía a sacar a pasear a las palabras. Tenía tanto miedo… Y, precisamente, fue el miedo el que hizo que años después necesitara asomarme a la ventana y gritar. Entonces llegó la pandemia y yo volví al silencio. A no saber qué decir. Al miedo.
Y ahora, que estoy intentando reconstruirme de nuevo, necesito volver a lo que soy. Y creo que si hay algo que pueda definirme es un cuaderno, un boli y mil palabras saliendo a borbotones para poder respirar. Escribir para recuperarme, para sentir(me), para verme, para convencerme de que, a pesar de todo, sigo siendo.
Hace unos meses leí en un artículo que la autora -he olvidado de quién era- ya no presentaba a sus amigos diciendo su profesión seguida de su nombre, porque eso es a lo que se dedican, no lo que son. Y recordé una vez que mi tío presentó a mi prima como su hija, sin nombre, solo su hija. Y ella se enfadó y dijo que estaba harta de ser la madre de sus hijos y la hija de sus padres. Que ella era por sí misma y tenía nombre. Y es que qué fácil es perderse entre lo cotidiano.
Así que aquí estoy, mucho tiempo después, otra vez en septiembre buscando mi voz para volver a ser yo. Intentando no ser una pierna estropeada, ni una enfermera de baja, ni alguien que estudió periodismo, ni la que no puede ser madre, ni la hija de, ni la hermana de, ni la mujer de, ni la amiga de. Solo yo. Y mi mundo y las pequeñas cosas. Tal vez no haya nadie al otro lado. No pasaría nada, porque en realidad yo siempre he escrito para mí. Aunque, esta vez, me encantaría que me acompañaras.