Me miro en el espejo y otro grupo de canas ha poblado mis sienes, resulta curioso que al mismo tiempo tres o cuatro granos de los que son tipo volcán, los que duelen, hayan decidido brotar dibujando la silueta del lado derecho de mis labios hasta la barbilla. La juventud y la madurez conviviendo en un mismo rostro, toda una ironía.
Contemplo a mi gato mientras intenta dormir con el collar isabelino molestándole más de lo que le gustaría. Creo que él también ha envejecido unos años desde ayer, aunque me gana en originalidad, en vez de acné juvenil ha elegido un abceso en el trasero.
La imagen de los dos caminando por casa es un chiste que se cuenta solo. Un cono de plástico que a ratos se arrastra por el suelo y se golpea con todo al no calcular la distancia lateral, y dos muletas que hacen crujir el suelo del pasillo al sostener una pierna que no funciona. Nos observamos con lástima mutuamente preguntándonos quién de los dos se encuentra peor. Ninguno lo tiene claro.
Todo esto hace que a unas horas de cumplir cuarenta y dos años, por primera vez, me niegue a sumar otro dígito. La vida me debe un año, realmente alguno más, pero este último ha dolido -sigue doliendo- especialmente. Me ha robado doce largos meses y casi desaparezco tratando de recuperarlos.

Esta Nochevieja pasé del ritual y no comí las doce uvas durante las campanadas -solo conseguí masticar y tragar dos porque eran del tamaño de una ciruela y temí morir asfixiada-. Tampoco deseé nada para el año nuevo. Como no me había servido el año anterior, fue la manera de expresar mi enfado con la suerte. Ahora bien, no me duró mucho y me acabé las diez restantes en la primera media hora del año.
Así que como ya no sé si creer en el destino, la fortuna o la Divina Providencia, he terminado encargando tarta y velas para mañana aunque solo sea para cerrar los ojos y pedir un deseo al soplarlas. Al fin y al cabo, lo celebres o no, el número te cae a plomo igualmente. Y no estoy como para echarle un pulso a la buenaventura.
En algún momento la suerte cambiará el rumbo y te devolverá lo que se ha llevado. Lo espero y lo pido fuertemente, Cris ❤️
Sopla a pulmón esas velas y disfruta de esa tarta, que sea un pequeño oasis en el desierto.
Feliz cumpleaños, amiga 🎂💝
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