En una mañana lluviosa de domingo, hasta las gaviotas parece que se han tomado el día libre. Mientras leo tumbada en la chaise longue intuyo a lo lejos una melodía, agudizo el oído todo lo que puedo, conozco la canción pero hace mucho que no la oigo. Me parece Rosario Flores, canturreo mentalmente la letra, me la sé pero no estoy segura de cuál es. Hasta que se acerca el estribillo y… acerté, «uyuyu mi gato hace uyuyuyuyu…».

Hace un rato sonaba flamenco, una guitarra y una voz desgarrada, luego una sevillana lenta. No es la música que yo hubiera elegido para ponerme mientras leo, ni lo que hubiese esperado escuchar aquí y, sin embargo, queda bien, muy bien.
Entra olor a puro por la ventana. El segundero del reloj marca rítmicamente el paso del tiempo. Un perro ladra fuera cada poco alargando el quejido, suena desesperado porque le hagan caso. Y las gotas repiquetean en la ventana como pidiendo permiso para entrar.
Una mujer se ofrece a ayudar a una señora mayor que no recuerda el código de entrada a la urbanización, le pregunta si tiene algún familiar al que avisar pero ella dice que vive solita y que no tiene a nadie. La mujer le dice que se quede tranquila que encontrarán una solución y yo me reconcilio un poco con este mundo que ahora farmea aura, sea lo que sea eso, y mueven las manos repitiendo six seven, six seven, significado que sigo sin entender del todo.
Solo es una mañana de un domingo lluvioso de un agosto que ya termina. Ahora entra en casa El sitio de mi recreo, muy bajito, casi me lo imagino. Me está gustando la lista que han elegido por mí. El sonido de las gaviotas ha vuelto.
Mientras acaricio el pelo de mi amor que apoya su cabeza en mi regazo, la voz de Luz Casal se abre paso en el salón impregnádolo todo de una atmósfera decadente mientras ese Pienso en ti me envuelve por completo. Después, Iván Ferreiro susurra Años 80 y aunque no tiene nada que ver con la historia del libro que tengo en las manos, está siendo una banda sonora fabulosa.
Disfruto del petricor en este mes que languicede ya y de esta sesión musical improvisada por algún vecino. Suspiro, sigo con la lectura y siento que, aún con dolor, en este momento soy feliz.