Y, por fin, septiembre

“Las personas tienen que soñar, si no las cosas simplemente no suceden”. Óscar Niemeyer.

Hace un año ya conté que este mes es uno de mis favoritos, pero tras el calor infernal que hemos padecido este verano, estaba siendo aún más deseada su llegada. He tenido un poco abandonado mi rincón, pero el día tiene menos horas de las que yo quisiera y en mi agenda más cosas que hacer de las que soy capaz de asumir, así que como hay que priorizar, Reflejos de mi mirada ha tenido que esperar hasta ahora.

Septiembre es el mes de los recuentros tras la vuelta de las vacaciones -si has tenido la suerte de tenerlas-, el mes de disfrutar de las terrazas apurando las últimas tardes en las que aún es de día, de descubrir los restaurantes nuevos y volver a tus favoritos, de ver ropa diferente en las tiendas, de elegir conciertos a los que ir cuando nos invada el frío, de hacer planes rurales para los fines de semana otoñales. Es el mes de la uva, de las fiestas de mi ciudad y de mi pueblo, es el volver a empezar, los bolígrafos de colores, los cuadernos bonitos, las agendas especiales, el cambio de look para recibir a la nueva estación. Es la ilusión por los proyectos nuevos, la alegría de seguir con los que había y las ganas por otros futuros.

Septiembre es un paseo al atardecer caminando entre las primeras hojas que se caen, una mirada intensa al brindar con una copa de vino, es una noche de jazz en buena compañía, una comida con la que deleitarse en cada bocado y que es pura poesía, no solo en palabras del cocinero mientras te describe los platos, sino también en tu paladar. Es un domingo de manta, sofá y película, con palomitas o sin ellas, pero contigo.

Septiembre es el aniversario de este cajón en el que guardo las palabras que necesitan salir, las historias, los momentos, las lágrimas y las sonrisas. Es el refugio de lo que hay dentro de mí, que no siempre sale a la superficie y se deja ver. Es un sentimiento y una necesidad. Es la oscuridad de una habitación iluminada por la luz de un flexo, una mesa, una silla junto al radiador y unos dedos que presionan cada letra con agilidad como si llegaran tarde a alguna parte. En definitiva soy yo y mis circunstancias -o las tuyas-. Te invito a quedarte y a soñar conmigo. Comenzamos.

Listen to me again, stop the clocks forever

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